jueves, 27 de diciembre de 2012

Todos tenemos secretos...





A ver, que levante la mano quien no tenga un secreto... Hmmm demasiada gente. No es verdad, no me lo creo. TODOS tenemos algún secreto que no contamos. Hay secretos que son vox populi, nosotros no lo hemos dicho pero todo el mundo lo sabe, hay secretos de alcoba, perversiones, secretillos infantiles, secretos terribles... Pero todos tenemos algo que no contamos. Y dentro de esos secretos que se supone que todo el mundo sabe, siempre hay algo que no sabe nadie. ¿Por qué esa manía de proclamar a los cuatro vientos que no tenemos secretos? Yo reconozco que si que los tengo, un poco de todo además: tengo un secreto que me atormenta, secretillos infantiles que me da vergüenza contar, alguna perversión, secretos que quedan en casa, secretos que no son para nada secretos... eso no implica que piense yo que todo el mundo tiene un poco de cada cosa, yo me refiero aquí a mi caso. Pero me fastidia la gente que dice que no tiene ningun secreto, que su vida es un libro abierto, porque estoy segura de que no puede ser cierto. También me da miedo, porque cuando mucho insisten es que no es verdad... ¿acaso tienen que justificarse? Pienso que ese tipo de personas son las que más tienen que ocultar. Este blog, por ejemplo, es uno de mis "secretillos", lo uso para desahogarme pero ningún amigo ni conocido mío sabe de su existencia, ni quiero que lo sepan; a veces escribo entradas que no publico, solo para sentirme mejor y no mandar a paseo a más de uno. Además, ¿qué sentido tiene la vida si no tienes alguna cosita que te guardas para ti misma, con el morbo de si me descubriran o no?

Inocencia interrumpida

Todo el mundo está conmocionado estos días por la tragedia ocurrida en Estados Unidos, la matanza de una escuela en la que fallecieron tiroteados 20 niños y 4 adultos. ¿Qué esta pasando en nuestra sociedad?¿Qué puede llevar a un chico de 20 años, aparentemente normal, a matar a su madre y después ir a un colegio a disparar a diestro y siniestro? Yo misma siempre fui una niña, no inadaptada, pero a la que los niños dejaban de lado y poco sociable, pero nunca se me pasó por la cabeza hacer daño. Simplemente me adapté a ello y me relacionaba con la gente que se me acercaba. Era mala en gimnasia y los niños se reian de mi, pero no era algo que me preocupara demasiado, me preocupaba más por buscar una causa para la exención de la clase de gimnasia que por intentar acabar con los insultos. Ahora está muy de moda el tema del bulling, en nuestra época esa palabra ni existía, pero el alcance de los insultos y las críticas de los niños se limitaban a la clase, y si eras realmente muy muy malo, como mucho a un par de cursos por arriba y por abajo. Hoy en día con las redes sociales el acoso infantil ha llegado a extremos realmente terribles, ya que un insulto de tus compañeros de colegio puede llegar a medio barrio, y con el auge de los videos a cualquier parte del mundo. Y cuando eres adulto y tienes la cabeza bien amueblada y estás seguro de ti mismo este tipo de cosas te pueden provocar risa, rabia, indiferencia... pero en la mente maleable de un niño o un adolescente el mundo se desmorona a su alrededor, el suelo se cae bajo los pies y se le pasan por la cabeza mil y una cosas que no cuentan a nadie por miedo a más burlas o insultos y que hacen que vaya poco a poco cayendo en una espiral de miedo, vergüenza, depresión, rabia, etc. Ese mismo exceso de información lleva a la curiosidad natural que puede desembocar en encontrar un escape en temas no adecuados para la edad del niñ@ o adolescente, tales como la tortura, el sexo o, en extremos, el pensar en cómo acabar con esas personas que nos están haciendo tanto daño. Cuando tienes hijos y ves estas cosas te entra un miedo atroz porque piensas ¿y si a mi hijo le pasa esto? ¿Qué tengo que hacer para proteger a mi hijo de esta clase de cosas? HABLAR. Ante todo dialogar. Mostrarle que pueden confiar en nosotros, aunque nunca lo va a hacer del todo. Mostrarle que es una bella persona, que tiene sus defectos y que nadie es perfecto, que esas imperfecciones nos hacen únicos y exclusivos, y ante todo y sobre todo que nunca les vamos a abandonar, somos sus padres, les dimos la vida y por ello los queremos, en lo bueno y en lo malo.