A mis treintaypocos he pasado por todas las fases normales de una persona de mi edad: nacer, ser un bebé (más o menos porculera, pero bebé), crecer, tener un hermanito, crecer, cumplir los 14 y querer tener 20, salir con amigos, cumplir los 17 y querer tener 18, seguir saliendo con amigos, cumplir los 20, empezar a trabajar, conocer a alguien, casarme y tener hijos. En todos estos años lo que más me ha hecho madurar ha sido la experiencia de los hijos. No me considero anticuada, aunque en una entrada anterior hablo de la falta de vida social que me producen los niños, al menos de momento, estoy esperando la hora de poder dejar a los niños con su padre o sus abuelas para disfrutar un poco de esa vida social que de momento tengo algo extraviada (que no perdida). Pero no comprendo cómo puede haber gente que con los 40 encima o a punto de ellos aún viven en la etapa de los 14. Gente que con 40 y pico aún viven en los catorce o quince, sin oficio ni beneficio, y lo que es peor, sin pensar en que las ayudas, las pagas y las cuentas se terminan y llega un momento en que no hay de dónde sacar. Gente que recurren a la buena fe de amigos, vecinos, conocidos, etc para vivir sin gastar un duro. Gente que no tiene para comer y aún así están esperando al fin de semana para salir y "darlo todo" (no sé qué darán...). Yo, si no tengo para comer no me lo gasto en ropa ni en salir. Gracias a Dios no se me ha dado aún el caso, pero lo tengo muy claro.
No soy de gastar, es más, ahora mismo estoy usando ropa de hace 6 o 7 años, "fondos de armario", que dicen los entendidos. Si un día no puedo comprar yogures de una marca, los compraré de marca blanca, y si no puedo comer solomillo de ternera compraré lomo de cerdo (menos para los niños, pero ellos son otro caso). Lo que no me entra en la cabeza es cómo la gente puede venir llorando que necesita dinero para comer y después te enteras por detrás que se dan la vida padre gastando en ropa, viajes, móviles y demás lo que se supone que tú les has dado "porque no tenían ni para leche". Por eso nunca me ha gustado dar dinero a las personas. No me importa ir a un supermercado y gastarme 200 € en una compra, porque sé que el que lo acepta es por una necesidad real, y no por gastárselo en caprichos. Mi marido dice que soy una malpensada por ello, pero rara vez me he equivocado con las personas, porque se les vé venir de lejos. El que realmente tiene una necesidad no va por ahí llorando, recurre a instituciones o incluso a rebuscar en la basura (cuántos casos de esos hay que antes de pedir ayuda revuelven en los contenedores de los supermercados) antes de "pasar la vergüenza" de pedir (lo pongo entrecomillado porque esa gente pasa verdadera vergüenza cuando tienen que pedir, sobre todo gente mayor que viven solos con pensiones mínimas). El que tiene necesidad no pone reparos en trabajar de lo que sea para comer. Conozco casos de las dos posturas, el que realmente pide por necesidad y el que pide por capricho, y por mucho que mi marido me ponga malas caras cuando acepto unos casos y rechazo a otros, el tiempo acaba poniendo a cada uno en su sitio, y hasta hoy siempre me ha acabado dando la razón









