lunes, 28 de noviembre de 2011

Necesidad vs. capricho

A mis treintaypocos he pasado por todas las fases normales de una persona de mi edad: nacer, ser un bebé (más o menos porculera, pero bebé), crecer, tener un hermanito, crecer, cumplir los 14 y querer tener 20, salir con amigos, cumplir los 17 y querer tener 18, seguir saliendo con amigos, cumplir los 20, empezar a trabajar, conocer a alguien, casarme y tener hijos. En todos estos años lo que más me ha hecho madurar ha sido la experiencia de los hijos. No me considero anticuada, aunque en una entrada anterior hablo de la falta de vida social que me producen los niños, al menos de momento, estoy esperando la hora de poder dejar a los niños con su padre o sus abuelas para disfrutar un poco de esa vida social que de momento tengo algo extraviada (que no perdida). Pero no comprendo cómo puede haber gente que con los 40 encima o a punto de ellos aún viven en la etapa de los 14. Gente que con 40 y pico aún viven en los catorce o quince, sin oficio ni beneficio, y lo que es peor, sin pensar en que las ayudas, las pagas y las cuentas se terminan y llega un momento en que no hay de dónde sacar. Gente que recurren a la buena fe de amigos, vecinos, conocidos, etc para vivir sin gastar un duro. Gente que no tiene para comer y aún así están esperando al fin de semana para salir y "darlo todo" (no sé qué darán...).  Yo, si no tengo para comer no me lo gasto en ropa ni en salir. Gracias a Dios no se me ha dado aún el caso, pero lo tengo muy claro.

No soy de gastar, es más, ahora mismo estoy usando ropa de hace 6 o 7 años, "fondos de armario", que dicen los entendidos. Si un día no puedo comprar yogures de una marca, los compraré de marca blanca, y si no puedo comer solomillo de ternera compraré lomo de cerdo (menos para los niños, pero ellos son otro caso). Lo que no me entra en la cabeza es cómo la gente puede venir llorando que necesita dinero para comer y después te enteras por detrás que se dan la vida padre gastando en ropa, viajes, móviles y demás lo que se supone que tú les has dado "porque no tenían ni para leche". Por eso nunca me ha gustado dar dinero a las personas. No me importa ir a un supermercado y gastarme 200 € en una compra, porque sé que el que lo acepta es por una necesidad real, y no por gastárselo en caprichos. Mi marido dice que soy una malpensada por ello, pero rara vez me he equivocado con las personas, porque se les vé venir de lejos. El que realmente tiene una necesidad no va por ahí llorando, recurre a instituciones o incluso a rebuscar en la basura (cuántos casos de esos hay que antes de pedir ayuda revuelven en los contenedores de los supermercados) antes de "pasar la vergüenza" de pedir (lo pongo entrecomillado porque esa gente pasa verdadera vergüenza cuando tienen que pedir, sobre todo gente mayor que viven solos con pensiones mínimas). El que tiene necesidad no pone reparos en trabajar de lo que sea para comer. Conozco casos de las dos posturas, el que realmente pide por necesidad y el que pide por capricho, y por mucho que mi marido me ponga malas caras cuando acepto unos casos y rechazo a otros, el tiempo acaba poniendo a cada uno en su sitio, y hasta hoy siempre me ha acabado dando la razón

jueves, 17 de noviembre de 2011

Vida so.. ¿queeeee?

Soy realista, siempre lo he sido. Y desde mucho antes de plantearme la idea de tener hijos tenía ya claro que los niños cambian completamente la vida de uno. Ya el empezar a mantener una relación sentimental te cambia parte de tu vida, pero lo de los niños es volverla patas arriba. Un bebé hace que tus días tengan 4 horas cuando deberian tener, como mínimo 40 para dar abasto con todo. Y ya cuando son más de uno... madre mía: que no se junten los almuerzos del bebé con los del mayor, que uno se acueste para poder dar de comer al otro, que el otro juegue solo para poder bañar al uno, que estén tranquilos los 2 para tú poder entrar en el baño a... lo que sea (si, si, lo que sea, aguas mayores, menores o ducharte). Vamos, que pasas de un pisito la mar de mono con sus cositas bien colocadas a una cuadra en la que tienes que tener cuidado de no pisar un cochecito de bomberos, a la par que se te queda la mano pegada a la preciosa figurita de plastilina que tu peque te hizo con todo su amor y que acabas de convertir en un filete ruso.

Casi todos los días recibo mensajes de amigas a las que hace años que no veo, y a las que estoy deseando ver. ¿De dónde saco el tiempo? Sé que debo buscarlo. El tener hijos no implica perder la vida social (en mi caso de momento sí, aunque estoy en vías de recuperarla "en parte") pero sí es verdad que la abandonas por otras prioridades. En mi caso, además de lo que suponen los niños está mi trabajo que me ocupa de 9 a 19, con lo que a lo que llego a casa me tocan baños, cenas, cuentos y a la muma  porque no puedo más.  Mis amigas las pobres ya a veces me dan por imposible, y me da mucha rabia, porque , aunque nunca las he olvidado, muchas veces siento la necesidad de hablar con ellas y me da vergüenza llamarlas, porque hace tanto tiempo que no las llamo que me siento como una egoista. De vez en cuando les mando algún mensajito por el Face, y enseguida están ahí, respondiendo.

Mi vida social no existe. Y supongo que seguirá sin existir hasta que los peques tengan la edad suficiente para que su padre se sienta capaz de hacerse cargo de ellos. Hace unos días lo comentaba con una amiga; años atrás nos encontrábamos en los after, nos echabamos unas risas y un par de copas e ibamos a clase de amanecida. Ahora nos encontramos en la consulta de los pediatras, nos damos algunos consejos sobre los peques y nos echamos (si nos encontramos en el parque) un café express (express por lo de rápido, porque vamos con 100 ojos, 50 encima de cada niño), y vamos a trabajar de amanecida desde urgencias pediátricas. Aún así tengo que reconocer que no sé cómo he podido vivir sin los dos renacuajos todos estos años. Y es que, por mucho que me queje, el despertarte por la mañana y ver una cabecita dando brinquitos por encima de los barrotes de la cuna y mirándote con esos ojitos no tiene comparación con ninguna otra cosa en el mundo

miércoles, 2 de noviembre de 2011

Sin comentarios...

Post data a mi entrada anterior: Nena queda ingresada en el hospital, y al final es mi marido el que viene para acá a sustituirla... Bueno. Pues para colmo de la gilipollez más inmensa, para la que no hay palabras, tenemos otra compañera en otra delegación que dio a luz en Agosto. Ella, muy lista, se guardó las vacaciones para enlazarlas con la baja maternal y la hora de lactancia, con lo que no trabaja hasta Diciembre... Pues la intención de las 3 lumbreras (padre, hijo y espiritu idiota) era mandar al que estaba haciendole la baja a esta chica a cubrir esta otra.... sin mirar, anormales (porque no tienen otra palabra que los describa) que las 2 bajas se solapaban entre ellas, cuando pregunto el por qué de esta decisión la respuesta es:

- Es que pensabamos mandar a ese chico...

... Sin preguntar antes cuándo se incorporaba la compañera que estaba de baja, sin mirar si este chico venía... vamos, para no variar, sin mirar nada de nada. Mucho jefe y poco indio. Y después 3 personas tocándose los HUEVOS (si, si, los HUEVOS con mayúsculas, porque los tienen enormes de tanto tocárselos) y sin hacer nada. UFFFFF... Y mientras yo aquí, encabronada y hasta los mismísimos, con ganas de llorar y de mandar todo a tomar por el culo. Lo mismo voy al médico de cabecera y le digo que tengo problemas en mi trabajo, una ansiedad tremenda y  que me siento agobiada por la cercanía de las Navidades, a ver si me da una baja por depresión y los mando a todos más lejos que cerca. Y entonces... "ya se verá, ya se verá qué hacer..."

Mujer prevenida vale por 2... en otros casos

Hoy he amanecido con la desagradable noticia de que mi compañera de trabajo, que está embarazada de 8 meses, se ha puesto mala y no puede venir a trabajar. La noticia me la da mi Jefe (a la sazón mi marido, pero voy a empezar a hablar con propiedad, en cada puesto cuando le toca) a las 8.30 de la mañana, sabiendo que tengo esta tarde consulta médica a las 18.30, una consulta que tengo pedida hace más de 4 meses, y que el viernes tengo otra consulta  a las 12.30, y a esta última sí que no puedo faltar.

Desde que mi compañera me dio la noticia de su embarazo llevo diciéndole a mi Jefe que hagan una previsión de quién va a ocupar el puesto de mi compañera. Durante la baja mía ella no quiso que nadie ocupara mi puesto, prefería cobrar más y estar ella sola. Yo la comprendo, económicamente le viene bien. Pero a mi eso no me interesa. No es que el dinero no me haga falta, evidentemente no como del aire ni soy millonaria ni nada parecido, pero prefiero tener más tiempo para mis hijos que trabajar de sol a sol. Así que, habiendo como hay un montón de personal en la empresa, le digo a mi marido que prevean quién se va a poner conmigo en la oficina. Respuesta:

-Ya se verá...

Bueno. Vale. Mi compañera se pone hoy mala, y yo tengo médico. Le digo a mi marido que cancelo la de hoy para pedir otra pero que no puedo cancelar más, y que la consulta del viernes es sí o sí, no puedo faltar. Palabras de mi Jefe:

-Bueno, ya vemos a ver si de aqui al viernes ya está bien Nena.

¿Y si Nena se pone de parto? ¿Y si a Nena la ingresan? Esas son las 2 preguntas que le hago. Respuesta:

- Deja que llegue el viernes a ver qué pasa, igual está mejor y va a trabajar.

JODER. O igual está peor y la ingresan. O se pone de parto. O me muero yo.  Siempre soy la última mona. Siempre me tengo que aguantar, cambiando mis consultas, supeditada a los problemas de otros. La pobre Nena bastante tiene con lo que tiene, no la culpo a ella en absoluto, lleva un embarazo que ni a mi peor enemigo se lo deseo, con lo que llevo todo el tiempo temblando, pensando en que le puedan dar la baja y verme sola. Pero sé que en la oficina principal hay 3 personas tocándose las narices. Y me tengo que fastidiar yo. Y esperar a ver qué pasa... cuando hace ya 5 meses estuve sugiriendo posibles soluciones a la futura baja. Pero en ese momento la respuesta fue:

-No me vuelvas loco, ya pensaré qué hacer

Ya pensaré, ya pensaré... ¿Cuándo? ¿Cuando Nena rompa aguas? De verdad... Encima hace un par de días volví a sugerir mis ideas y  me dicen:

- Oye, pues no es mala idea... ¿cuándo se te ocurrió?

Vaaaya, ahora no es mala idea... Pero que a la altura que estamos ya hay que tomar decisiones. Que cualquier día rompemos aguas aquí mismo. Y ese día no podemos ir a la carrera haciendo "cualquier cosa". Estamos en una empresa seria, y las cosas no se hacen así, los problemas hay que prevenirlos, y más cuando ya sabemos de antemano que están ahí y que pueden presentarse en cualquier momento. Un accidente, una enfermedad, son cosas que a uno, por desgracia, le vienen de repente sin quererlo, pero un parto es algo que se sabe, que puede ocurrir a las 28 semanas o a las 41, pero se sabe que va a ocurrir, y hay que tenerlo previsto

domingo, 30 de octubre de 2011

Pedir perdón no es dificil...

Hoy estoy en esos días en los que odio a mi marido. Ayer reconozco que me levanté de muy malas pulgas, por muy diversos motivos, la mayor parte de ellos relacionado con él, pero bueno, a lo largo del día fui pasando un poco más y ya por la tarde cuando me subí al coche para irnos a casa le pedí disculpas por mi mal día. Llegamos a casa, bañamos al mayor y cuando estaba el niño cenando, mi marido se acercó a la mesa, pero el peque le dijo que se fuera a la cocina. Se fue muy ofendido. Cuando acabó de cenar lo acostamos, y él, como no, bajó a su ronda hasta la hora de cenar el mayor. Cerca de las 11 subió para bañarlo y darle el biberón, y al terminar me dijo q iba a bajar ya que un amigo de él estaba celebrando un cumpleaños. A las 12 me llamó, que en media hora subía. Ya me fui a la cama, porque estaba cansada, y tardé poco en dormirme. A las 2.50 me desperté y, asustada vi que las luces estaban tal cual yo las había dejado y mi marido no estaba. Lo llamé al móvil y me contesta que estaba aquí debajo... si, podía estarlo, pero ebrio. Másde media hora más tarde lo llamé de nuevo para decirle que cuando suba no se acueste ni conmigo ni con ninguno de los niños para no molestarlos, y me dice que está caminando porque se siente muy estresado. Cuando por fin subió a las 4 de la mañana, no quise decirle nada en absoluto. Nada. Hasta esta mañana. Primero me negó que hubiera bebido, como si yo estuviera loca, despues reconoce que sí. y cuando le digo que creo que me debe una disculpa me dice que él no ha hecho nada malo. ¿¿Nada malo?? ¿Acaso es normal bajarte al bar a las 11 de la noche dejando a tu mujer y a tus dos hijos pequeños en casa y aparecer a las 4 de la mañana, para ponerte a cargar el cochecito eléctrico del niño? Al poner a cargar el coche había que quitar un tornillo. Bueno, pues con la peda el tornillo acabó debajo del sillón donde el señor dormía la mona. Pues según él la culpa de que estuviera perdido el tornillo era mía. Conseguí que el mayor le pidiera perdón a su padre por haberle echado anoche de la mesa. El niño se puso delante de el y le dijo:

- Lo siento papá

A mi se me llenaron los ojos de lágrimas, y como le dije a él: de nada me vale enseñar a mis hijos que cuando uno hace algo mal hay que pedir perdón si después, precisamente los que estamos en casa no somos capaces de hacerlo. Pedir perdón no es humillarse, ni arrodillarse ante los demás. Es reconocer que hemos hecho algo que ha hecho daño a otra persona, y que sabemos que podíamos haberla evitado, y que nos arrepentimos por haber hecho ese daño. Para mi marido el concepto de perdón es distinto. Es una humillación. Menos mal que a mediodía, supongo que después de ver que a algunos de sus amigos sus mujeres se la habían montado más gorda, me reconoció que se había pasado y,aunque la palabra "perdón" no entra en su vocabulario, me dijo que sentía haber llegado tan tarde, y que reconocía que habia sido un error.

viernes, 28 de octubre de 2011

Vive y deja vivir

Hoy al entrar en mi cuenta de Facebook me he tropezado con un comentario de un amigo que me ha molestado bastante. En dicho comentario, por decirlo de una forma “elegante”, hacia aguas mayores en el Dios de los que creen. Me jode bastante ese tipo de comentarios, ya que soy de la opinión de que cada uno puede hacer en la vida lo que le dé la real gana, siempre y cuando no fastidie a los demás. Y eso abarca todas las cosas entre las que el ser humano puede elegir, desde comida hasta sexualidad.

En mi casa nos han criado con esa libertad, que no libertinaje. Hemos tenido una educación cristiana. Se nos ha enseñado a no juzgar a los demás por su forma de ser, de vestir o de pensar, y a ponernos en el lugar de otro. Cuando una persona me pide opinión acerca de algo siempre procuro dar dos opciones, casi siempre una es la que la otra persona quiere oir (que no suele ser la mía), y la mía real, siempre sin entrar en detalles de cuál es más correcta desde mi punto de vista, ya que cuando alguien se encuentra en la tesitura de elegir entre varias opciones ya es complicado tomar una decisión, como para además sentirse juzgado por la decisión que se ha tomado o se va a tomar. Cuando alguien  viene a contarme algo que le ha pasado lo escucho, y si no me pide su opinión no se la doy. Igualmente no me gusta que los demás me juzguen, y no suelo pedir opinión a la gente, sino que me guío por mi intuición, pero no me gusta que la gente falte al respeto a las creencias y opiniones de los demás. Mi libertad acaba donde empieza la de el de al lado, y siempre y cuando mis elecciones no hagan daño físico ni moral sin consentimiento al que tengo al lado (el sado, por ejemplo, me parece una elección tan respetable como cualquier otra), soy libre de hacer con mi vida, con mi alma y con mi cuerpo lo que me venga en gana. Y no pienso criticar al que se ponga unos pantalones amarillos con un jersey verde (yo no me lo pondría, pero allá cada uno),  ni al que crea que venimos de un montón de barro, maíz y madera. Pero tampoco me gusta que se metan con mis creencias. No juzgo a nadie. Pero tampoco quiero que nadie me juzgue a mi

jueves, 20 de octubre de 2011

Dios dame paciencia... porque si me das fuerza...

Desde jovencita mi ilusión ha sido tener 3 niños. Al par de años de casados, decidimos ir a buscar el primero, y tardamos poquito en encontrarlo. Tuve un embarazo de película, y un parto fantástico, aunque lo dificil vino después, un montón de problemas con mi Jefe y su familia, y con mi familia. Aún asi yo enseguida estaba animada a ir a por el segundo. Fui a por el segundo y ¡ZAS! a  la primera, un embarazo fabuloso y un parto de 40 minutos. Y yo aún me animaría a por más, pero existe un problema; El tercer hijo ya lo tengo, pero es demasiado mayor. Como he dicho en el post anterior mi marido sólo quería uno, con lo que el segundo le viene demasiado grande. Todo son quejas. A veces me dan ganas de pegarle un tortazo en toda la cara con la mano abierta (espero que no sea este post apología de la "violencia de género) y una buena patada en los webs... Si estan tranquilos, cada uno en su sitio jugando, se queja porque están despiertos. Si lloran, lógicamente se queja porque lloran. Si quieren que les leamos un cuento, porque quiere que les leamos. Si no quiere el mayor comer, porque no quiere comer... Vamos, la cosa es quejarse. Y casi todas las discusiones de este tipo acaban con un "¡¡Maldita la hora que te hice caso, tan empeñada que estabas en tener 2!! ¡¡Me has amargado la vida!!" Vamos a ver: tienes 2 niños sanos y enteros, el mayor prácticamente se ha criado solo, duerme desde el mes y medio, come absolutamente de todo y bien, es un niño alegre, travieso (como todos), no es celoso, es sociable y muy espabilado,  y el pequeño de momento un poco latoso, pero coño, es un bebé, tiene 7 meses y medio. ¿Qué pretendes? Si hubieramos esperado para tener el segundo, probablemente a lo que hubiera pasado el tiempo que él quería ya o a mi se me habrían pasado las ganas, o viendo cómo es la vida con uno, se hubiera hecho una vasectomía a escondidas para no tener más. Realmente, el que a  mi me hace perder la paciencia es mi marido, que no sabe llevar la paternidad. Muchas veces le digo que más le hubiera valido comprarse un perro, o mejor aún, un gato. Pero bueno, espero que poco a poco vaya entendiendo que esto de los niños es largo, y para toda la vida, y como dice  un dicho popular: hijos criados, problemas doblados. Así que... paciencia

miércoles, 19 de octubre de 2011

Lo que mal empieza... ¿cómo acaba?

Conocí al que hoy es mi marido en el año 1999. En aquella época era una chica feliz: acababa de salir de una depresión, causada por un chico, que me había hecho adelgazar 15 kg, era guapa, delgada, divertida… En fin, que los tenía a pares. A mi Jefe lo conocí en las fiestas locales. En aquel momento no le prestè atención, ya que era el hermano de una de mis mejores amigas, y no es por nada, pero no era ninguna belleza, ni siquiera se acercaba a mi canon de perfección masculina. En los meses previos a empezar como pareja salimos varias veces en grupo. Una de esas veces, un mes antes de subir un escalon de amigos a “novios” (qué palabra más fea, no me gusta nada), estuvimos en grupo hasta las tantas de la madrugada y cuando ya nos cerraron los bares decidimos ir a dar un paseo por la playa. Hablamos de todo, de nuestras relaciones anteriores, de nuestros gustos (que no tenían nada que ver), de nuestras familias… y uno de los comentarios fue que yo iba todos los días a caminar por la playa, cosa que me encantaba, a lo que él me dijo que también le gustaba muchísimo y lo hacía muy a menudo. Salimos varias veces y nos quedabamos solos, y una de las veces volvimos a la playa que tanto nos gustaba a  los dos. Ahí, a la luz de la luna, después de un rato paseando me besó. Aquel beso me cogió tan de sorpresa que no sabía qué decir o qué hacer, así que le dije de irnos al coche porque me estaban empezando a dar frío. Una semana después volvimos a quedar, esta vez en grupo, y formalizamos nuestra relación. No volvimos a pasear por la playa… y no porque a mi no me guste. Es que a EL no le gusta. Esa fue la primera mentira de nuestra relación. Cualquiera puede pensar que es una chorrada, pero cuando con los años vas viendo que hay más mentiras, te vas calentando cada vez un poco más. Son las pequeñas las que te van picando poco a poco. Años después, cuando decidimos tener nuestro primer hijo, hablamos de la responsabilidad que suponía un bebé: se acabaron las salidas diarias al bar, las borracheras, el tabaco, etc. Nació mi Mendita mayor y nada de eso se cumplió: todas las noches al bar después de bañar al peque, cuando no antes de venir a buscarme y bajar con varias copas encima, para coger el coche y subir a casa. “Gracias a Dios” un año y poco después le dio un infarto (digo gracias a Dios porque quedó bien, y le sirvió de escarmiento para cambiar algo de vida, no del todo pero algo). Pocos meses después del infarto le dije que quería ir a por otro niño. Ya lo habíamos comentado antes del infarto, pero siempre la respuesta era “espera a que Mendita sea un poco más mayor” Por mi experiencia con las “esperas” sabía que si esperábamos un poco nunca tendríamos un segundo hijo. Al final lo convencí, y llegó el Mendita pequeño. Hemos tenido muchas broncas desde entonces, desde decirme que tener 2 es una locura hasta decirme que le he desgraciado la vida por empeñarme en tener 2. Pero es aquí donde me reconoce que si hubiéramos esperado el tiempo que él quería no lo hubiéramos tenido…porque sólo quería un hijo.

Soy una persona muy cabezona, perseverante, y fiel a lo que pienso. Si una cosa me gusta la digo y si no me gusta también. No tengo fuerza de voluntad, pero sí que si quiero una cosa lucho para conseguirla. Odio a la gente que no va de frente, y por desgracia tengo una persona así a mi lado. Supongo que nos complementamos el uno al otro, por eso estamos juntos. Ahora bien, no tengo claro cómo vamos a acabar en nuestra vida en común…. Algo debe cambiar, y pronto

martes, 11 de octubre de 2011

Un fin de semana más, un fin de semana menos

Todos los viernes amanezco incómoda. Nauseas, dolor de estómago, mala gana... Y no, no estoy embarazada (por suerte o por desgracia). Mi malestar viene por otro lado: Mi Jefe. Pensar que el viernes por la noche empieza el fin de semana me pone mala. Van a ser dos días completos (con sus tres noches) en los que se supone que deberíamos estar solos los 4, mis Menditas, mi Jefe y yo. Pero se me cae la casa  encima. Inconscientemente le comento a mi madre que no me encuentro bien, y ella no termina de entender que es por mi Jefe. Ella está deseando que no aparezcamos por su casa el fin de semana (comprensible, ya que todos los días están los peques ahí) y diciendo que el finde los aguante su padre. Pero no entiende que estoy más a gusto en su casa que en la mía, por varias razones:

- Mi Jefe no tiene paciencia con ninguno de los niños
- Mi casa está a tomar por saco de la civilización
- Los niños lo pasan mejor en casa de abuela (dicho por el mayor)
- Y más que ahora no recuerdo

De momento ha pasado el finde, pero se acerca un festivo, lo que me recuerda que va a ser otro día con mi Jefe y los peques. ¿Qué haremos? Ayyy...

jueves, 22 de septiembre de 2011

Vivir peleando

Cuando hace unos años me casé con mi Jefe la vida pintaba de maravilla: haciamos una pareja muy bonita (según decía toda la gente), trabajábamos juntos, no discutíamos, cenábamos fuera muy a menudo y disfrutábamos de la vida. A los dos nos encantaban los niños, y queríamos tenerlos, por supuesto; yo quería 3 y él decía que 2, aunque lo cierto es que quería uno (de esto me entero hace muy poquito, después de nacer el Mendita pequeño). Disfrutamos un par de años del matrimonio antes de animarnos a tener el primer hijo, y cuando por fin lo tuvimos, la vida dio un giro de 180 grados… al menos para mí. Discusiones, peleas, gritos… Una vez incluso llegó a levantarme la mano y (esto es muy fuerte, y nunca ha vuelto a ocurrir, gracias a Dios) llegó a agarrarme del cuello delante del niño con apenas mes y medio de edad. Nunca le he perdonado eso, aunque nunca lo ha vuelto a hacer (tengo claro que, si ocurriera de nuevo, me iba de casa y lo denunciaba), pero lo cierto es que, en mi caso y en casi todos los que conozco, los hombres quieren los hijos para lucirlos como muestra de lo que son capaces de hacer. No comprenden que la llegada de un hijo al mundo cambia completamente la vida. Pasas de vivir para ti a vivir para ti y para él, a levantarte a las tantas de la madrugada para darle de comer, a anteponer sus necesidades a las del resto del mundo… tu vida ya no es tuya, gira alrededor de esa personita menuda que depende completamente de ti. Muchos hombres no entienden eso, y pretenden seguir llevando la misma vida de solteros o de recién casados, dejando toda responsabilidad en manos de la mujer. Y eso en mi caso es un motivo de pelea diario. Según mi Jefe (a la sazón mi marido, claro), es que yo pretendo no trabajar. Según él, las necesidades que requieren dos niños pequeños no son trabajo, no sé qué debe ser. He tenido que coger 2 días más de vacaciones porque una de las abuelas no podía quedarse con los dos niños, y el lunes tengo la reunión del cole del Menda mayor. Pues bien, la única preocupación de mi Jefe es qué dirá su socio… Cuando yo sé que su socio tiene hijos, y sabe perfectamente lo que hay. Estoy harta. Harta de tener que pensar en lo que piensen los demás. Me entra por una oreja y me sale por la otra, vamos, que me la trae bastante floja, pero a mi Jefe no. Tener hijos implica mucho más que dejarlos con alguien que los cuide. Hay que criarlos, reuniones de colegios, problemas de salud, consultas médicas… y según crecen las necesidades son cada vez mayores. ¿Cómo haces entender eso a una persona que no quiere oir? ¿A una persona que viene de una familia desestructurada, pero que siempre dice que no quiere que a sus hijos les pase lo que a él, pero que tampoco pone nada de su parte? ¿cómo hacerse oir?. Es muy difícil. No puedo hablarlo con mi familia, puesto que la postura de ellos es demasiado parcial, y sería decirme que me separe. Tampoco puedo comentarlo con mis amigos, ya que no tengo. Sólo tengo una amiga, con la que lo he hablado, y me comprende, pero me dice lo mismo, que las relaciones de pareja son así muchas veces. Lo que sé es que estoy harta. Harta de pelear a diario. Harta de quedarme sola muchas noches con los niños para que mi Jefe salga al bar a “distraerse”, como si yo estuviera distraida todo el día. Harta de sentirme sola.

miércoles, 21 de septiembre de 2011

¿Te puedes enamorar más de una vez?

Hace unos días discutí con una amiga. Ella me decía que sólo puedes enamorarte una vez, y yo no estoy de acuerdo. Cierto es que, como el primer amor no hay ninguno, pero simplemente porque, por lo general, te suele coger muy joven y es de las experiencias más impactantes que tienes en la adolescencia-juventud. Ese ver a la persona que amas, ese cosquilleo en la barriga, esas mariposas en el estómago, ese acostarte pensando en la persona amada, y levantarte pensando en ella... la primera vez te marca mucho. y puede sentirse después varias veces. Lógicamente es mucho más impactante el primer enamoramiento,porque ya, por ser el primero, descubres esa ola de sensaciones, que cuando vuelves a sentir en posteriores ocasiones sabes que es amor. En un post anterior hablé de mi primer amor, aquel chico del instituto con el que no llegué a absolutamente nada, pero al que cada vez que veía por los pasillos, por la calle, en el gimnasio, en las excursiones me hacia sentir un nudo en la boca del estómago y un cosquilleo que me duraba rato y rato. Según mi amiga ese primer enamoramiento no se puede repetir, porque después puedes querer a otras personas, pero no de la misma forma. Es lógico. También uno madura, y así como el primer amor es más repentino, inesperado, ciego y la mayor parte de las veces físico, ya cuando vuelves a enamorarte buscas en esa persona características más profundas. Mi segundo amor fue un poco "virtual". Me enamoré de una voz, de unos gustos, de una persona a la que no veia físicamente (salvo un par de fotos enviadas por mail), sino con la que trataba por teléfono. Pero cada vez que el teléfono sonaba y veía el número, se me ponía en la boca del estómago la misma sensación que con aquel chico del instituto. Cuando la conocí en persona, tuve exactamente la misma sensación que cuando sonaba el teléfono, además de un subidón de adrenalina que me dejó paralizada... Ni para adelante, ni para atrás. No hablamos de nada. Nos saludamos con un beso en la mejilla, pero nos quedamos mirando el uno al otro como unos quinceañeros. Un amigo que estaba con nosotros bromeó:

- Joer, tantas veces que hablan por teléfono al día, y cuando se ven en persona ni se hablan

Y es cierto. Lo cierto es que sobraban las palabras. Y tampoco llegamos a nada. Hemos seguido hablando por teléfono muchas veces, nos hemos visto físicamente un par de veces más, pero se ha convertido en un amor platónico, que sé que nunca alcanzaré, pero siempre estará ahí. Varias veces tuvimos conversaciones de "besugos":

- Oye
- Que
- ¿te puedo decir una cosa?
- Sí, claro, dime
- Mmmmmmmm.....
- ¿perdon?
- Nada, nada, mejor no te digo nada
- No hombre, venga, dime
- Mmmmmmmmmmmmmm...
- ¿queeeeeeee...?
- Nada, nada, déjalo

Y así estuvimos un montón de años. Conocí a mi Jefe, y decidimos casarnos, y cuando se lo dije me preguntó:

- ¿Tú lo tienes claro?
- Sí, claro
- ¿Estás segura?
- Que siiiiiiii
- ¿Puedo decirte una cosa?
- Dimeeeeeeeee
- Mmmmmmmmmmmmm... Nada, déjalo

Muchas veces me pregunto qué habría pasado de haber hablado aquella primera vez que nos vimos físicamente las caras. ¿Qué habría ocurrido? Solo Dios lo sabe... Lo que tengo claro es que te puedes enamorar muchas veces, sólo tienes que reconocer las señales.

domingo, 18 de septiembre de 2011

Volver a empezar... otra vez

Bueno, balance de mi primera semana de régimen: FRACASO TOTAL. Vamos, nada de nada. El primer día genial, el segundo más o menos bien, pero el tercero... a tomar todo por saco. La ansiedad puede conmigo. El tener cosas del Mendita mayor (galletas, golosinas, batidos) no ayuda. Y mi Jefe, directamente, pasa de mi, con lo que esta vez lo voy a tener más que dificil... Tengo que encontrar la forma de motivarme, ya que cada día me siento peor, me cuesta correr detrás de mi Mendita mayor, no, me atrevo a subirme a la báscula, y me miro en el espejo y me dan ganas de llorar. Días como hoy me siento hundida en la mierda, y lo peor de todo, no sé como salir de ella. Otros días me levanto motivada a tope, pero cuando llega la noche siempre surge algo que me hace retroceder. Está claro que me falta algo, motivación, voluntad, y algo más. Volveré a empezar... un día de estos

domingo, 11 de septiembre de 2011

Un poquito de voluntad, por favor

Siempre he sido rellenita, nunca he sido una sílfide, de pequeña me vestía con tallas de jovencita, y de adolescente me vestía con las tallas pequeñas de señora. Siempre he tenido oscilaciones considerables de peso. Pero 2 partos me han dejado el cuerpo para el arrastre. En el primer embarazo subí 20 kg, de los que solté 10 a los pocos días de dar a luz. Peeero de esos 10 que perdí, recuperé 12 por la depre posparto. Justo antes de quedarme embarazada del segundo estaba en 5 kg menos que al dar a luz por primera vez. y en mi segundo embarazo gané sólo 6 kg, y con diabetes gestacional (posiblemente provocada por mi sobrepeso inicial). A los pocos días de dar a luz estaba en 76 kg, 11 kg menos que el último día de embarazo, la noche del parto. Atención, pregunta, ¿cuál era mi peso en cada momento? Parece un problema de esos que nos ponían de pequeños en el cole, una ecuación de primer grado en toda regla. Antes de casarme tenía voluntad para todo, incluido para seguir un régimen estricto (llegué a perder 30 kg en 8 meses, siempre bajo control médico, eso sí). Pero ahora, con un marido y dos niños soy incapaz de aguantar 2 días seguidos, la ansiedad me mata, y el tener galletas y dulces para el Menda mayor me tienta más que las manzanas o las zanahorias El médico me mandó un ansiolítico suave, pero de momento ni aún por esas he logrado controlarme. Tengo que encontrar esa voluntad que he perdido, ha llegado el momento de coger al toro por los cuernos. Posiblemente escriba más a menudo, ya que mientras escribo no como. Una de las técnicas que tengo para evitar las “chucherías” (nubes, galletas, etc) es colgar en el armario donde las tengo guardadas una foto horrorosa mía en la que tengo una cara de pan que tira de espaldas. Hoy me miro al espejo y a la cara de pan tengo que añadirle unas ojeras de vampiro y unas greñas de bruja, o sea, un adefesio en toda regla. Y quiero lograrlo antes de Navidad, para darle en las narices a más de un@, que se va a dar con un canto en los dientes. Y por supuesto,  quiero hacerlo por mis dos peques, porque ellos lo valen, y se merecen una madre fantástica. Si alguien me lee y quiere darme algún consejo, estaría muy  agradecida, a ver si logro controlar la fuerza de voluntad

lunes, 5 de septiembre de 2011

Harta del “copia y pega”

Tooodos los días. No falla uno. “Si te gusta, pega esto en tu perfil”  “copia y pega en el perfil de 10 personas que no quieres perder” “Si odias…” “ si amas…” Vamos a ver, señores:

- Amo a mis hijos
- Amo a mi hermano
- Tengo una madre maravillosa
- Tengo un gran padre
- Odio el futbol (sea Barça, Madrid, Sevilla, Betis o lo que sea)
- Estoy en contra del maltrato animal
- Estoy a favor de que el Papa haya venido a España
- Echo de menos a muchas personas que están en el cielo
-  Estoy a favor de casi todas las causas, sea la lucha contra el hambre en Etiopía, la lucha contra el cáncer de mama, la defensa de la infancia…

Pero lo siento, no estoy dispuesta a copiar y pegar un mensaje en mi muro. Así que, señores, por favor, ¡¡¡¡¡dejen de mandarme cadenitas, que no me las voy a colgar!!!!!

miércoles, 17 de agosto de 2011

Tempus fugit

El viernes acabó mi menda mayor el "cole", y compramos el disco que tenían con todas las actividades que han hecho a lo largo del curso. No he conseguido verlo sin emocionarme. A pesar de lo que nos costó la adaptación (meses de llantos), me parece increíble cuánto ha crecido en estos dos años y medio. Cuando nació y lo vi por primera vez pensé que era la cosa más hermosa del mundo, tan perfecto, tan suave, ese olor, esa cara... Dos años después volví a tener esa sensación. Cuando volví a casa del hospital y mi menda mayor llegó a casa del cole, lo vi tan grande... se había convertido en el hermano mayor, y me parecía que, a pesar de sus 2 años era un hombrecito en pequeño. Han pasado 5 meses ya, y ese primer momento en el que vi a mis dos muñecos nacer han sido los dos grandes momentos de mi vida, ni boda, ni conciertos ni nada, la primera vez que ves esa carita arrugada, que trepa por tu barriga hasta tu pecho, que se engancha a tu vida (y a tu teta) esos son los dos momentos que quisiera revivir una y otra vez. Me parece mentira que en Septiembre ya mi menda mayor empiece el cole, y que mi menda pequeño empiece a comer verduras. Me parece increible que dentro de nada ya los veré jugando juntos. Me da una tristeza tremenda pensar que algún día se harán mayores y me mandarán a paseo. Por las noches cuando los veo dormir los abrazo y les doy un beso a cada uno, y es cuando entiendo a mi madre, y me acuerdo de ella, de cuando se acercaba a mi cama y, pensando que estabamos dormidos, nos daba un beso, y nosotros pensabamos ¿a qué tanto beso?, ya sabemos que nos quieres, para eso eres nuestra madre...  Y es que es cierto, que hay cosas que hasta que no eres madre no comprendes, y que hay que disfrutar cada instante, cada milésima de segundo porque ese instante no vuelve, y el primer paso, la primera palabra, el primer instante no se repite jamás

jueves, 28 de julio de 2011

No trates como prioridad a quien sólo te quiere como opción

Hace mucho, mucho tiempo, tanto como... 20 años (¿20 años ya?) sentí por primera vez el cosquilleo en el estómago por el primer amor. Era un chico más bien tirando a feillo (no nos vamos a engañar, guapo no es, pero tenía un nosequé... tenía una boca que a mi me encantaba) pero cada vez que lo veia por los pasillos me entraban unas ganas irresistibles de devolver (jejeje, bonita sensación, voy a parecen a Stan, de South Park). Un día me entero de que este chico quiere salir conmigo (Dios mío, ¿qué hago? ¿Qué me pongo? ¿me hago la dura? ¿o me dejo llevar?)Total, gilipollas de mi, quedé con el en un descanso de clases. Nos sentamos en el muro fuera del instituto y sólo llegamos a un beso de "hola ¿que tal?" y otro de "bueno, hasta luego". Al par de días me encontré que estaba con otra chica, de la clase de al lado, que esta sí que se dejo llevar… Fue mi primer gran desengaño, aunque seguí enamorada de él unos cuantos años.


Años después, ya teniendo una relación estable, conocí a una persona por la que también sentí ese cosquilleo en el estómago, pero como mi relación estaba bien, de entrada, decidí no jugármela por un flirteo. Poco a poco me fui enamorando más de esta persona, al tiempo que mi relación iba decayendo, y años después supe que esta persona también sentía algo por mi. Éramos amigos, él conocía a mi pareja y se llevaba muy bien con ella, yo no le mostraba mis sentimientos, él me presentaba a sus novias, pero nunca fuimos a más. No hablábamos nunca de nosotros, aunque los dos sentíamos más o menos lo mismo, esto lo supe años después por 2 de las novias que tuvo. Pero de repente, no sé por qué, dejamos de hablar. Solíamos hablar mucho por motivos de trabajo, y de repente dejamos de hablar, pero nos mandábamos correos, mensajes, algún que otro detalle, nos felicitábamos por los cumpleaños, santos y demás fiestas… Yo lo veia conectado en el Messenger, y le saludaba, pero él nunca contestaba, aunque eso no me preocupaba, ya que yo sabía que él era poco de conectarse, más bien encendía el ordenador y ahí se quedaba. Tuvo una crisis depresiva, y un par de meses después un día me lo encontré y nos sentamos a hablar. Tuvimos una conversación bastante larga, hablamos de todo, de las depresiones, de las parejas, del papel de las relaciones personales… Incluso llegó a confesarme en confianza que un par de semanas antes había intentado suicidarse en casa de un amigo… Fue una conversación larga, en la que los dos nos desahogamos, en un momento en el que los dos necesitábamos un hombro en el que llorar. Y al poco tiempo, desapareció del mapa. Sé que está bien, que ahora tiene una relación estable con una chica, que ha mejorado en su trabajo, y que, incluso, ha cambiado su forma de ver la vida. Me alegro mucho por él. Pero me entristece pensar que siempre le tuve como prioridad, buscando tiempo cuando no lo tenía para hablar con él y consolarlo, apuntando en el calendario su cumpleaños para felicitarlo y que viera que le apreciaba como amigo. Me he dado cuenta que para él sólo era una opción. Este año, ni siquiera me ha felicitado por mi cumpleaños. Ni un mensaje. Traté como prioridad a alguien que sólo me quería como opción

martes, 26 de julio de 2011

Querer es poder

Unos meses antes de casarme, allá por el año 2005, mi suegra me dio una tarjetita con el teléfono de un amigo suyo que fue el que sacó las fotos de nuestra boda. Aún conservo esa tarjeta (no porque le tenga especial cariño a mi suegra ni al fotógrafo… algún día con ganas hablaré de ello) sino porque al otro lado de la tarjeta estaba escrita a mano una frase que me gusta leer: “Mi mente es poderosa. Cuando me marco un objetivo, yo lo consigo”. Esta frase se ha convertido con los años en la frase insignia de mi vida. Recuerdo que siendo jovencita yo, no recuerdo si aún iba al colegio o al instituto, mi mejor amiga era fan acérrima de N.K (No pongo el nombre completo). Todo su cuarto estaba forrado con posters, recortes, banderas y demás de N.K. Y tan frita me tenía que un día le dije: “tía, reza a ver si viene a dar un concierto aquí, aunque esto es el culo del mundo, pero quien sabe…” No  pasó un año y me llama histérica un día:

-         ¡¡¡Menda, Menda, Mendaaaaa tiiiiaaaaaaa!!!

Creí que le habia dado algo, porque ni hablar podía, llorando

-         Muchacha, tranquilízate, ¿¿que te pasa??
-         ¡¡¡Qué viene, tíiiaaa, que vieneeee!!!
-         ¿Quién, quien viene?
-         ¡¡¡¡¡¡¡¡QUE VIEEEEENEEEEEEE!!!!!!!!!!  ¡¡¡Corre, ven a mi casa!!!

Ya a estas alturas no sabía ni que decir

-         ¡¡Vale, dame 5 minutos y voy, respira, que te va a dar un patatús, que estás hiperventilando!!

Cuando llegué a su casa me la encontré sentada en el sillón, llorando pero con una cara de felicidad inmensa.

-         ¿Te acuerdas cuando me decías que rezara a ver si venía N.K.? ¡¡¡Pues viene, viene a dar un concierto!!!

Desde ese día, me di cuenta de que la fe mueve montañas.  Me imagino el montón de personas que se pondrían de acuerdo para rezar para que el N.K. viniera a dar un concierto, porque ni esta es tierra de conciertos ni nadie podía imaginar que fuera a ir a mi tierra a dar uno.  Años después mi Mendita mayor vino un día del cole con una cajita decorada por él. La cogía como si de un tesoro se tratara. Arriba tenía escrito


Después de pelear para que me la dejara abrir, encontré una especie de varita mágica hecha con cartulina y una cañita de refresco, y una tarjetita enrollada a modo de pergamino. Al abrirla se me abrieron los ojos como platos

¿Conoceis la sensación de leer o escuchar la frase adecuada en el momento justo, pero sin saber cómo ha llegado hasta ti? Es una sensación casi mística. Hemos tenido que buscarle un lugar privilegiado a la cajita de marras, porque el Mendita grande no quería soltarla ni a sol ni a sombra. La hemos puesto en el salón, al lado de los libros. Esta frase me cogió en un momento de mi vida muy duro y en el que no veía salida a mis problemas. Parece increible, pero esta frase me ayudó a levantar la cabeza, y cada día siento que estoy más y más cerca de las cosas que deseo. Nunca entenderé cómo esa frase me encontró a mi, pero lo que está claro es que la fe mueve montañas.

jueves, 21 de julio de 2011

Virgencita, que me quede como estoy…

En general me gusta mi vida. Digo en general, porque para mi la felicidad plena no existe, es algo utópico que descubres que no es real cuando empiezas a tener un poco de uso de razón. Tengo taitantos años, estoy casada con mi Jefe, que podría mejorar en muchos aspectos, y tengo 2 Menditas preciosos a los que a ratos me comería  y a ratos me arrepiento de no habérmelos comido. Tengo un piso que no me gusta, un apartamento que me encanta y un trabajo que está en el término medio. Cuando miro a mi alrededor y veo gente que está mucho peor que yo, me alegro de tener lo que tengo en mi vida. No soy envidiosa, cuando veo la gente que tiene esas tremendas casas, con taitantas habitaciones, cuartos de baño, salas de juego etc, pienso en lo que deben gastarse para mantenerlas. Me conformo con mi pisito (aunque repito, no me gusta, y es la única cosa que aspiro a cambiar de momento). Cuando la gente empieza a hablar de los sorteos de lotería, deseando que les tocaran los cientos de millones de €, mi respuesta es siempre la misma: no quiero tantos, con medio quilillo me arreglaba la vida. No aspiro a dejar de trabajar. Sólo espero que la vida me siga tratando como me ha tratado hasta ahora. Por eso, tal y como esta la vida hoy en día, me conformo con lo que tengo y pienso: “virgencita, que me quede como estoy…”

miércoles, 20 de julio de 2011

Nadie es imprescindible

En mi trabajo trato con toda clase de personas. Personas que tienen altos cargos y empleados de todo tipo. Y si algo tengo claro es que, aunque todos en nuestros trabajos somos necesarios, ninguno somos imprescindibles.

No es que me encante mi trabajo, pero sí que me gusta enseñar a otras personas cómo se hace, ya que, el que otros sepan hacerlo agiliza mis tareas, y hace que, si el día de mañana yo no estoy por el motivo que sea, otras personas puedan ponerse en mi lugar. No comprendo a la gente que tiene miedo a enseñar a otros por si les “roban” el puesto de trabajo. Es cierto que tal y como está ahora mismo la situación el que tiene trabajo debe aferrarse a él con pegamento, pero tiene también que pensar que si lo mantiene normalmente es porque es válido para ello y, salvo circunstancias adversas, va a seguir ahí.  Me parece increíble, por ejemplo, como me pasa muchas veces, que llamas a una empresa en categoría de cliente y cuando te contestan al teléfono y haces la consulta te contestan:

-         pues disculpa, pero es que Fulanita salió a desayunar/ de vacaciones/está de baja y los que estamos aquí no sabemos cómo funciona”.
-         Vale. Fulanita salió al café. Bueno, cuando vuelva que me llame, o yo la llamo en 10 min.

-         Vale. Fulanita está de vacaciones ¿cuándo se incorpora?
-          “el lunes”
-         Bueno, no tengo prisa, el lunes llamo

-         Vale. Fulanita está de baja.  Espero que sea una baja corta, porque si es la maternal son 16 semanas, si es por un pie roto y trabaja en oficina, serán unos diítas ná mas, pero… ¿y si Fulanita mañana se muere? ¿Alguien cogerá su trabajo?
-         (…) Pueeeeeesssss no seeeee… tengo que consultarlo…

Tengo que agradecer a mis compañeros, y mis jefes agradecerme a mí, que en las 2 bajas maternales que he tenido no me ha sonado el teléfono para nada, lo cual significa que las personas que me han sustituido están bien instruidas para el trabajo, con lo que si el día de mañana salgo de vacaciones, o de baja, o (Dios no lo quiera)  me muero, nadie tendrá que poner una linea directa a La Menda para que baje a explicar a unos y a otros cómo se hace el trabajo.

martes, 19 de julio de 2011

El efecto polilla

El efecto mariposa dice que si una mariposa bate sus alas en un lado del mundo puede provocar que al otro lado ocurra un huracán. Yo he descubierto otro efecto: el efecto polilla, que es como el mariposa pero en incómodo. Paso a explicar:
Ayer colgué un post en el que hablaba de que soy una cotilla, porque me gusta leer los muros ajenos. No es mentira. Peeeero lo hago como algo personal, lo que leo me lo reservo para mí, y así sé a lo que atenerme, o a lo sumo lo comento con mis más íntimos, sin que trascienda fuera. El problema es la gente que, además de cotilla tiene la lengua larga. Trabajo en una empresa en la que hay bastante gente. No es una gran empresa, pero somos muchos y muchas, y hay lenguas muuuuy largas. Esta empresa, de la que evidentemente no voy a dar el nombre, tiene varias oficinas en varios puntos más o menos alejados geográficamente, pero a veces da la impresión de que las lenguas llegan ahí donde no llega ni Dios. Esta mañana hablando con una compañera hice un comentario acerca de un servicio que me habia pedido un cliente (un pedido de material), que me llamó la atención por la cantidad solicitada. El comentario no fue hecho con segundas ni maldad, simplemente fue decir: "Vaya, qué bueno, con pedidos así tenemos que buscar un almacén más grande, tal y como está la crisis casi hasta se agradece" y punto. No habían pasado 3 minutos y recibo una llamada de mi jefe, preguntándome que teníamos obligación de servir dicho pedido. yo me quedé :o :o "jefe, en ningún momento me niego a servir dicha cantidad, es más, mi comentario ha sido al contrario, que se agradecen pedidos así". Ahí ya se calló. Pero no debió quedarse muy conforme. No es la primera vez que me ocurre algo así. Cuando me quedé embarazada de mi segundo hijo, decidí dejar pasar un tiempo antes de hacerlo público, más por seguridad que por otra cosa. Cuando lo dije cuán grande fue mi sorpresa que media oficina ya estaba al corriente de ello. ¿Cómo se enteraron? Pues ni la más remota idea, porque sólo lo sabía mi jefe y yo, y mi jefe no lidia con el personal (por cierto, es mi marido). Algo parecido le pasó a mi compañera, que también se quedó con la boca abierta cuando sólo me había dicho a mi que estaba embarazada y ya los del Sur (así llamamos a la central) se habían enterado, no sabemos cómo.

En la oficina donde estoy yo sólo somos dos chicas, y nuestra relación es bastante buena, la verdad es la mejor compañera que me puede haber tocado, y como le digo a veces, nena, ten cuidado, no te tires un pedo, que se enteran abajo y montan una fiesta. Yo tuve que irme de ahí, asqueada por el ambiente y los chismes. Pero está claro que, aún en una punta del mundo, una polilla bate las alas y provoca que en la otra punta todo el mundo se acojone. Ese es el efecto polilla.

lunes, 18 de julio de 2011

De lo que se entera uno...

El Caralibro puede llegar a ser como la Caja de Pandora. O como un baúl de sorpresas. En el momento que lo abres no sabes qué va a salir de él, pero algo sale siempre. La Menda es cotilla, como casi todos los que tienen cuenta en el Caralibro. ¿Qué haces cada vez que entras en él? primero miras tu muro y después el de los demás. a veces entras en los muros de otros y descubres muros y muros abiertos, en los que descubres cómo personas que, por delante te adoran, les encantas, se ríen con tus ocurrencias, por detrás te ponen a parir. A veces basta con retroceder unos meses (mirando las publicaciones antiguas del susodich@) y otras veces descubres que te han bloqueado el acceso al muro, pero entrando desde otras cuentas o viendo los comentarios de amigos ves lo que realmente piensan. Por eso yo creo que en la red todo el mundo es feliz. Nadie tiene problemas. Y el que los tiene no los dice. Y el que los dice, es porque no sabe manejarse, o porque es lo suficientemente sincero como para mostrarse tal y como es. Y de esos hay pocos, porque la mayoría preferimos mostrar nuestra cara amable, nuestros momentos felices y nuestras alegrías, antes de que personas que tenemos agregados como "amigos" vean nuestras debilidades y tristezas.

domingo, 17 de julio de 2011

El principio

Bueno. Después de ver lo terapéutico que puede ser leer un blog ajeno, he decidido que escribir uno propio puede ser incluso mejor. Ya de por sí es más barato que ir a un psicólogo, así que he decidido empezar a escribir acerca de mi vida diaria, mis momentos buenos y mis momentos malos. No pretendo que le guste o disguste a nadie, simplemente es una forma de desahogarme de la vida cotidiana, que espero que no moleste. Y bueno, al que le moleste, que no me lea. ¡Comenzamos la aventura!