lunes, 28 de noviembre de 2011

Necesidad vs. capricho

A mis treintaypocos he pasado por todas las fases normales de una persona de mi edad: nacer, ser un bebé (más o menos porculera, pero bebé), crecer, tener un hermanito, crecer, cumplir los 14 y querer tener 20, salir con amigos, cumplir los 17 y querer tener 18, seguir saliendo con amigos, cumplir los 20, empezar a trabajar, conocer a alguien, casarme y tener hijos. En todos estos años lo que más me ha hecho madurar ha sido la experiencia de los hijos. No me considero anticuada, aunque en una entrada anterior hablo de la falta de vida social que me producen los niños, al menos de momento, estoy esperando la hora de poder dejar a los niños con su padre o sus abuelas para disfrutar un poco de esa vida social que de momento tengo algo extraviada (que no perdida). Pero no comprendo cómo puede haber gente que con los 40 encima o a punto de ellos aún viven en la etapa de los 14. Gente que con 40 y pico aún viven en los catorce o quince, sin oficio ni beneficio, y lo que es peor, sin pensar en que las ayudas, las pagas y las cuentas se terminan y llega un momento en que no hay de dónde sacar. Gente que recurren a la buena fe de amigos, vecinos, conocidos, etc para vivir sin gastar un duro. Gente que no tiene para comer y aún así están esperando al fin de semana para salir y "darlo todo" (no sé qué darán...).  Yo, si no tengo para comer no me lo gasto en ropa ni en salir. Gracias a Dios no se me ha dado aún el caso, pero lo tengo muy claro.

No soy de gastar, es más, ahora mismo estoy usando ropa de hace 6 o 7 años, "fondos de armario", que dicen los entendidos. Si un día no puedo comprar yogures de una marca, los compraré de marca blanca, y si no puedo comer solomillo de ternera compraré lomo de cerdo (menos para los niños, pero ellos son otro caso). Lo que no me entra en la cabeza es cómo la gente puede venir llorando que necesita dinero para comer y después te enteras por detrás que se dan la vida padre gastando en ropa, viajes, móviles y demás lo que se supone que tú les has dado "porque no tenían ni para leche". Por eso nunca me ha gustado dar dinero a las personas. No me importa ir a un supermercado y gastarme 200 € en una compra, porque sé que el que lo acepta es por una necesidad real, y no por gastárselo en caprichos. Mi marido dice que soy una malpensada por ello, pero rara vez me he equivocado con las personas, porque se les vé venir de lejos. El que realmente tiene una necesidad no va por ahí llorando, recurre a instituciones o incluso a rebuscar en la basura (cuántos casos de esos hay que antes de pedir ayuda revuelven en los contenedores de los supermercados) antes de "pasar la vergüenza" de pedir (lo pongo entrecomillado porque esa gente pasa verdadera vergüenza cuando tienen que pedir, sobre todo gente mayor que viven solos con pensiones mínimas). El que tiene necesidad no pone reparos en trabajar de lo que sea para comer. Conozco casos de las dos posturas, el que realmente pide por necesidad y el que pide por capricho, y por mucho que mi marido me ponga malas caras cuando acepto unos casos y rechazo a otros, el tiempo acaba poniendo a cada uno en su sitio, y hasta hoy siempre me ha acabado dando la razón

jueves, 17 de noviembre de 2011

Vida so.. ¿queeeee?

Soy realista, siempre lo he sido. Y desde mucho antes de plantearme la idea de tener hijos tenía ya claro que los niños cambian completamente la vida de uno. Ya el empezar a mantener una relación sentimental te cambia parte de tu vida, pero lo de los niños es volverla patas arriba. Un bebé hace que tus días tengan 4 horas cuando deberian tener, como mínimo 40 para dar abasto con todo. Y ya cuando son más de uno... madre mía: que no se junten los almuerzos del bebé con los del mayor, que uno se acueste para poder dar de comer al otro, que el otro juegue solo para poder bañar al uno, que estén tranquilos los 2 para tú poder entrar en el baño a... lo que sea (si, si, lo que sea, aguas mayores, menores o ducharte). Vamos, que pasas de un pisito la mar de mono con sus cositas bien colocadas a una cuadra en la que tienes que tener cuidado de no pisar un cochecito de bomberos, a la par que se te queda la mano pegada a la preciosa figurita de plastilina que tu peque te hizo con todo su amor y que acabas de convertir en un filete ruso.

Casi todos los días recibo mensajes de amigas a las que hace años que no veo, y a las que estoy deseando ver. ¿De dónde saco el tiempo? Sé que debo buscarlo. El tener hijos no implica perder la vida social (en mi caso de momento sí, aunque estoy en vías de recuperarla "en parte") pero sí es verdad que la abandonas por otras prioridades. En mi caso, además de lo que suponen los niños está mi trabajo que me ocupa de 9 a 19, con lo que a lo que llego a casa me tocan baños, cenas, cuentos y a la muma  porque no puedo más.  Mis amigas las pobres ya a veces me dan por imposible, y me da mucha rabia, porque , aunque nunca las he olvidado, muchas veces siento la necesidad de hablar con ellas y me da vergüenza llamarlas, porque hace tanto tiempo que no las llamo que me siento como una egoista. De vez en cuando les mando algún mensajito por el Face, y enseguida están ahí, respondiendo.

Mi vida social no existe. Y supongo que seguirá sin existir hasta que los peques tengan la edad suficiente para que su padre se sienta capaz de hacerse cargo de ellos. Hace unos días lo comentaba con una amiga; años atrás nos encontrábamos en los after, nos echabamos unas risas y un par de copas e ibamos a clase de amanecida. Ahora nos encontramos en la consulta de los pediatras, nos damos algunos consejos sobre los peques y nos echamos (si nos encontramos en el parque) un café express (express por lo de rápido, porque vamos con 100 ojos, 50 encima de cada niño), y vamos a trabajar de amanecida desde urgencias pediátricas. Aún así tengo que reconocer que no sé cómo he podido vivir sin los dos renacuajos todos estos años. Y es que, por mucho que me queje, el despertarte por la mañana y ver una cabecita dando brinquitos por encima de los barrotes de la cuna y mirándote con esos ojitos no tiene comparación con ninguna otra cosa en el mundo

miércoles, 2 de noviembre de 2011

Sin comentarios...

Post data a mi entrada anterior: Nena queda ingresada en el hospital, y al final es mi marido el que viene para acá a sustituirla... Bueno. Pues para colmo de la gilipollez más inmensa, para la que no hay palabras, tenemos otra compañera en otra delegación que dio a luz en Agosto. Ella, muy lista, se guardó las vacaciones para enlazarlas con la baja maternal y la hora de lactancia, con lo que no trabaja hasta Diciembre... Pues la intención de las 3 lumbreras (padre, hijo y espiritu idiota) era mandar al que estaba haciendole la baja a esta chica a cubrir esta otra.... sin mirar, anormales (porque no tienen otra palabra que los describa) que las 2 bajas se solapaban entre ellas, cuando pregunto el por qué de esta decisión la respuesta es:

- Es que pensabamos mandar a ese chico...

... Sin preguntar antes cuándo se incorporaba la compañera que estaba de baja, sin mirar si este chico venía... vamos, para no variar, sin mirar nada de nada. Mucho jefe y poco indio. Y después 3 personas tocándose los HUEVOS (si, si, los HUEVOS con mayúsculas, porque los tienen enormes de tanto tocárselos) y sin hacer nada. UFFFFF... Y mientras yo aquí, encabronada y hasta los mismísimos, con ganas de llorar y de mandar todo a tomar por el culo. Lo mismo voy al médico de cabecera y le digo que tengo problemas en mi trabajo, una ansiedad tremenda y  que me siento agobiada por la cercanía de las Navidades, a ver si me da una baja por depresión y los mando a todos más lejos que cerca. Y entonces... "ya se verá, ya se verá qué hacer..."

Mujer prevenida vale por 2... en otros casos

Hoy he amanecido con la desagradable noticia de que mi compañera de trabajo, que está embarazada de 8 meses, se ha puesto mala y no puede venir a trabajar. La noticia me la da mi Jefe (a la sazón mi marido, pero voy a empezar a hablar con propiedad, en cada puesto cuando le toca) a las 8.30 de la mañana, sabiendo que tengo esta tarde consulta médica a las 18.30, una consulta que tengo pedida hace más de 4 meses, y que el viernes tengo otra consulta  a las 12.30, y a esta última sí que no puedo faltar.

Desde que mi compañera me dio la noticia de su embarazo llevo diciéndole a mi Jefe que hagan una previsión de quién va a ocupar el puesto de mi compañera. Durante la baja mía ella no quiso que nadie ocupara mi puesto, prefería cobrar más y estar ella sola. Yo la comprendo, económicamente le viene bien. Pero a mi eso no me interesa. No es que el dinero no me haga falta, evidentemente no como del aire ni soy millonaria ni nada parecido, pero prefiero tener más tiempo para mis hijos que trabajar de sol a sol. Así que, habiendo como hay un montón de personal en la empresa, le digo a mi marido que prevean quién se va a poner conmigo en la oficina. Respuesta:

-Ya se verá...

Bueno. Vale. Mi compañera se pone hoy mala, y yo tengo médico. Le digo a mi marido que cancelo la de hoy para pedir otra pero que no puedo cancelar más, y que la consulta del viernes es sí o sí, no puedo faltar. Palabras de mi Jefe:

-Bueno, ya vemos a ver si de aqui al viernes ya está bien Nena.

¿Y si Nena se pone de parto? ¿Y si a Nena la ingresan? Esas son las 2 preguntas que le hago. Respuesta:

- Deja que llegue el viernes a ver qué pasa, igual está mejor y va a trabajar.

JODER. O igual está peor y la ingresan. O se pone de parto. O me muero yo.  Siempre soy la última mona. Siempre me tengo que aguantar, cambiando mis consultas, supeditada a los problemas de otros. La pobre Nena bastante tiene con lo que tiene, no la culpo a ella en absoluto, lleva un embarazo que ni a mi peor enemigo se lo deseo, con lo que llevo todo el tiempo temblando, pensando en que le puedan dar la baja y verme sola. Pero sé que en la oficina principal hay 3 personas tocándose las narices. Y me tengo que fastidiar yo. Y esperar a ver qué pasa... cuando hace ya 5 meses estuve sugiriendo posibles soluciones a la futura baja. Pero en ese momento la respuesta fue:

-No me vuelvas loco, ya pensaré qué hacer

Ya pensaré, ya pensaré... ¿Cuándo? ¿Cuando Nena rompa aguas? De verdad... Encima hace un par de días volví a sugerir mis ideas y  me dicen:

- Oye, pues no es mala idea... ¿cuándo se te ocurrió?

Vaaaya, ahora no es mala idea... Pero que a la altura que estamos ya hay que tomar decisiones. Que cualquier día rompemos aguas aquí mismo. Y ese día no podemos ir a la carrera haciendo "cualquier cosa". Estamos en una empresa seria, y las cosas no se hacen así, los problemas hay que prevenirlos, y más cuando ya sabemos de antemano que están ahí y que pueden presentarse en cualquier momento. Un accidente, una enfermedad, son cosas que a uno, por desgracia, le vienen de repente sin quererlo, pero un parto es algo que se sabe, que puede ocurrir a las 28 semanas o a las 41, pero se sabe que va a ocurrir, y hay que tenerlo previsto