miércoles, 9 de enero de 2013

Silencio...

Echando la vista atrás me doy cuenta de que mi curriculum sentimental ha sido muy corto. Varios rollos de una noche y una relación seria con el que es ahora mi marido. Y todo por los silencios. Hay síes y noes que pueden cambiarte la vida. En mi caso son los silencios los que han marcado mi existencia. Con mi primer gran amor, con el que no llegué nunca a nada, el silencio fue el protagonista de nuestra primera y última cita. Él quería quedar conmigo fuera de clase y saber un poco más de mi. Yo no sabía qué decir ni qué hacer y ahí me quedé, callada como una muerta, sentada en el muro y columpiando los pies. Con los años conocí a varios chicos y con todos fue lo mismo, rollo de una noche, cuatro besos y a casita. Si te he visto no me acuerdo. A los que volví a ver no les volví a hablar, no por nada, simplemente porque no surgió la ocasión. Después al par de años me volví a enamorar de un compañero, y aprovechando una fiesta y sin mediar palabra, decidí lanzarme y le besé, con tan mala suerte que él pensó que yo estaba borracha y se fue, dejándome plantada. Al par de días hable con él para pedirle disculpas por mi osadía, y él, muy amablemente achacó mi osadía a los efectos del alcohol. No me atreví a decirle que estaba loca por él, que hubiera dado cualquier cosa por conocerlo más, y una vez más el silencio fue la tumba de este amor. Pasaron unos cuantos años igual, con rollos de una noche o de un fin de semana, hasta que un par de meses antes de conocer al que hoy es mi marido conocí a un chico maravilloso, Pedro, estudiante universitario con el que compartía muchas cosas: ambientes, música, clases, grupo de amigos... Un día, coincidiendo con una fiesta, Pedro se decidió a pedirme que saliera con él, pero mi silencio fue otra vez traicionero y el pobre Pedro se fue, pensando que mi intención era pensármelo y darle una respuesta, pero la respuesta nunca llegó. A los pocos meses conocí al que es mi marido, y empecé a salir con él tres meses después de conocerle. Con él no hubo silencios, más que nada porque él tenía bastante labia y si yo me quedaba sin palabras ahí estaba él para sacar alguna conversación. Pero tres años después llegó una tercera persona que realmente me ha interesado siempre. Con él los silencios son intensos. Porque los dos sabemos lo que hay entre medio de esos silencios. Son silencios que hablan solos. Los dos tenemos nuestras relaciones serias. Pero platónicamente y en silencio mantenemos una relación intensa. ¿Qué hubiera pasado si en su momento uno de los dos hubiera roto el silencio y se hubiera decidido a dar un paso más? Lo nuestro es completamente platónico, porque de hecho no nos vemos y ni siquiera hablamos, algún mensaje de vez en cuando y poco más. Pero los dos sabemos que el otro está ahi. Nuestra oportunidad pasó el día que el silencio se apoderó de los momentos que nos vimos frente a frente. Y ya hoy, si la vida sigue transcurriendo como hasta ahora, no cambiarán las circunstancias. Él tiene su pareja, por cierto muy parecida físicamente a mi. Yo tengo mi Menda y mis hijos, a los que no pienso dejar. Pero de vez en cuando nuestros caminos se cruzan y hablamos de lo humano y lo divino. Pasamos un rato hablando de nuestros respectivos problemas y consolándonos uno a otro. Pero sin pasar de ahí. Y todo, porque un día el silencio se adueñó de un momento que podía haber cambiado nuestras vidas. Para siempre. ¿Qué hubiera ocurrido?

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