martes, 19 de julio de 2011

El efecto polilla

El efecto mariposa dice que si una mariposa bate sus alas en un lado del mundo puede provocar que al otro lado ocurra un huracán. Yo he descubierto otro efecto: el efecto polilla, que es como el mariposa pero en incómodo. Paso a explicar:
Ayer colgué un post en el que hablaba de que soy una cotilla, porque me gusta leer los muros ajenos. No es mentira. Peeeero lo hago como algo personal, lo que leo me lo reservo para mí, y así sé a lo que atenerme, o a lo sumo lo comento con mis más íntimos, sin que trascienda fuera. El problema es la gente que, además de cotilla tiene la lengua larga. Trabajo en una empresa en la que hay bastante gente. No es una gran empresa, pero somos muchos y muchas, y hay lenguas muuuuy largas. Esta empresa, de la que evidentemente no voy a dar el nombre, tiene varias oficinas en varios puntos más o menos alejados geográficamente, pero a veces da la impresión de que las lenguas llegan ahí donde no llega ni Dios. Esta mañana hablando con una compañera hice un comentario acerca de un servicio que me habia pedido un cliente (un pedido de material), que me llamó la atención por la cantidad solicitada. El comentario no fue hecho con segundas ni maldad, simplemente fue decir: "Vaya, qué bueno, con pedidos así tenemos que buscar un almacén más grande, tal y como está la crisis casi hasta se agradece" y punto. No habían pasado 3 minutos y recibo una llamada de mi jefe, preguntándome que teníamos obligación de servir dicho pedido. yo me quedé :o :o "jefe, en ningún momento me niego a servir dicha cantidad, es más, mi comentario ha sido al contrario, que se agradecen pedidos así". Ahí ya se calló. Pero no debió quedarse muy conforme. No es la primera vez que me ocurre algo así. Cuando me quedé embarazada de mi segundo hijo, decidí dejar pasar un tiempo antes de hacerlo público, más por seguridad que por otra cosa. Cuando lo dije cuán grande fue mi sorpresa que media oficina ya estaba al corriente de ello. ¿Cómo se enteraron? Pues ni la más remota idea, porque sólo lo sabía mi jefe y yo, y mi jefe no lidia con el personal (por cierto, es mi marido). Algo parecido le pasó a mi compañera, que también se quedó con la boca abierta cuando sólo me había dicho a mi que estaba embarazada y ya los del Sur (así llamamos a la central) se habían enterado, no sabemos cómo.

En la oficina donde estoy yo sólo somos dos chicas, y nuestra relación es bastante buena, la verdad es la mejor compañera que me puede haber tocado, y como le digo a veces, nena, ten cuidado, no te tires un pedo, que se enteran abajo y montan una fiesta. Yo tuve que irme de ahí, asqueada por el ambiente y los chismes. Pero está claro que, aún en una punta del mundo, una polilla bate las alas y provoca que en la otra punta todo el mundo se acojone. Ese es el efecto polilla.

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