jueves, 22 de septiembre de 2011

Vivir peleando

Cuando hace unos años me casé con mi Jefe la vida pintaba de maravilla: haciamos una pareja muy bonita (según decía toda la gente), trabajábamos juntos, no discutíamos, cenábamos fuera muy a menudo y disfrutábamos de la vida. A los dos nos encantaban los niños, y queríamos tenerlos, por supuesto; yo quería 3 y él decía que 2, aunque lo cierto es que quería uno (de esto me entero hace muy poquito, después de nacer el Mendita pequeño). Disfrutamos un par de años del matrimonio antes de animarnos a tener el primer hijo, y cuando por fin lo tuvimos, la vida dio un giro de 180 grados… al menos para mí. Discusiones, peleas, gritos… Una vez incluso llegó a levantarme la mano y (esto es muy fuerte, y nunca ha vuelto a ocurrir, gracias a Dios) llegó a agarrarme del cuello delante del niño con apenas mes y medio de edad. Nunca le he perdonado eso, aunque nunca lo ha vuelto a hacer (tengo claro que, si ocurriera de nuevo, me iba de casa y lo denunciaba), pero lo cierto es que, en mi caso y en casi todos los que conozco, los hombres quieren los hijos para lucirlos como muestra de lo que son capaces de hacer. No comprenden que la llegada de un hijo al mundo cambia completamente la vida. Pasas de vivir para ti a vivir para ti y para él, a levantarte a las tantas de la madrugada para darle de comer, a anteponer sus necesidades a las del resto del mundo… tu vida ya no es tuya, gira alrededor de esa personita menuda que depende completamente de ti. Muchos hombres no entienden eso, y pretenden seguir llevando la misma vida de solteros o de recién casados, dejando toda responsabilidad en manos de la mujer. Y eso en mi caso es un motivo de pelea diario. Según mi Jefe (a la sazón mi marido, claro), es que yo pretendo no trabajar. Según él, las necesidades que requieren dos niños pequeños no son trabajo, no sé qué debe ser. He tenido que coger 2 días más de vacaciones porque una de las abuelas no podía quedarse con los dos niños, y el lunes tengo la reunión del cole del Menda mayor. Pues bien, la única preocupación de mi Jefe es qué dirá su socio… Cuando yo sé que su socio tiene hijos, y sabe perfectamente lo que hay. Estoy harta. Harta de tener que pensar en lo que piensen los demás. Me entra por una oreja y me sale por la otra, vamos, que me la trae bastante floja, pero a mi Jefe no. Tener hijos implica mucho más que dejarlos con alguien que los cuide. Hay que criarlos, reuniones de colegios, problemas de salud, consultas médicas… y según crecen las necesidades son cada vez mayores. ¿Cómo haces entender eso a una persona que no quiere oir? ¿A una persona que viene de una familia desestructurada, pero que siempre dice que no quiere que a sus hijos les pase lo que a él, pero que tampoco pone nada de su parte? ¿cómo hacerse oir?. Es muy difícil. No puedo hablarlo con mi familia, puesto que la postura de ellos es demasiado parcial, y sería decirme que me separe. Tampoco puedo comentarlo con mis amigos, ya que no tengo. Sólo tengo una amiga, con la que lo he hablado, y me comprende, pero me dice lo mismo, que las relaciones de pareja son así muchas veces. Lo que sé es que estoy harta. Harta de pelear a diario. Harta de quedarme sola muchas noches con los niños para que mi Jefe salga al bar a “distraerse”, como si yo estuviera distraida todo el día. Harta de sentirme sola.

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