Hoy estoy en esos días en los que odio a mi marido. Ayer reconozco que me levanté de muy malas pulgas, por muy diversos motivos, la mayor parte de ellos relacionado con él, pero bueno, a lo largo del día fui pasando un poco más y ya por la tarde cuando me subí al coche para irnos a casa le pedí disculpas por mi mal día. Llegamos a casa, bañamos al mayor y cuando estaba el niño cenando, mi marido se acercó a la mesa, pero el peque le dijo que se fuera a la cocina. Se fue muy ofendido. Cuando acabó de cenar lo acostamos, y él, como no, bajó a su ronda hasta la hora de cenar el mayor. Cerca de las 11 subió para bañarlo y darle el biberón, y al terminar me dijo q iba a bajar ya que un amigo de él estaba celebrando un cumpleaños. A las 12 me llamó, que en media hora subía. Ya me fui a la cama, porque estaba cansada, y tardé poco en dormirme. A las 2.50 me desperté y, asustada vi que las luces estaban tal cual yo las había dejado y mi marido no estaba. Lo llamé al móvil y me contesta que estaba aquí debajo... si, podía estarlo, pero ebrio. Másde media hora más tarde lo llamé de nuevo para decirle que cuando suba no se acueste ni conmigo ni con ninguno de los niños para no molestarlos, y me dice que está caminando porque se siente muy estresado. Cuando por fin subió a las 4 de la mañana, no quise decirle nada en absoluto. Nada. Hasta esta mañana. Primero me negó que hubiera bebido, como si yo estuviera loca, despues reconoce que sí. y cuando le digo que creo que me debe una disculpa me dice que él no ha hecho nada malo. ¿¿Nada malo?? ¿Acaso es normal bajarte al bar a las 11 de la noche dejando a tu mujer y a tus dos hijos pequeños en casa y aparecer a las 4 de la mañana, para ponerte a cargar el cochecito eléctrico del niño? Al poner a cargar el coche había que quitar un tornillo. Bueno, pues con la peda el tornillo acabó debajo del sillón donde el señor dormía la mona. Pues según él la culpa de que estuviera perdido el tornillo era mía. Conseguí que el mayor le pidiera perdón a su padre por haberle echado anoche de la mesa. El niño se puso delante de el y le dijo:
- Lo siento papá
A mi se me llenaron los ojos de lágrimas, y como le dije a él: de nada me vale enseñar a mis hijos que cuando uno hace algo mal hay que pedir perdón si después, precisamente los que estamos en casa no somos capaces de hacerlo. Pedir perdón no es humillarse, ni arrodillarse ante los demás. Es reconocer que hemos hecho algo que ha hecho daño a otra persona, y que sabemos que podíamos haberla evitado, y que nos arrepentimos por haber hecho ese daño. Para mi marido el concepto de perdón es distinto. Es una humillación. Menos mal que a mediodía, supongo que después de ver que a algunos de sus amigos sus mujeres se la habían montado más gorda, me reconoció que se había pasado y,aunque la palabra "perdón" no entra en su vocabulario, me dijo que sentía haber llegado tan tarde, y que reconocía que habia sido un error.
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